A 31 años del terremoto de Antofagasta: el sismo que cambió para siempre la historia del norte de Chile
- Radio Antofagasta Online
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La madrugada del 30 de julio de 1995, un terremoto de magnitud 8,0 sacudió la Región de Antofagasta durante cerca de tres minutos, dejando tres personas fallecidas, decenas de heridos, cientos de damnificados y una profunda huella en la memoria de toda una generación.

A las 01:11 horas del domingo 30 de julio de 1995, los habitantes de Antofagasta despertaron abruptamente con uno de los terremotos más fuertes registrados en el norte de Chile. El movimiento telúrico, de magnitud 8,0 Mw, tuvo su epicentro frente a las costas de Antofagasta y Mejillones, con una profundidad cercana a los 46 kilómetros, generando intensidades de hasta VII en la escala de Mercalli en la capital regional.

El sismo se prolongó por cerca de tres minutos, provocando escenas de pánico en toda la región. Su fuerza fue percibida desde Arica hasta la Región de Coquimbo e incluso en el noroeste de Argentina.


El balance fue devastador: tres personas fallecieron, 58 resultaron heridas y más de 600 quedaron damnificadas, mientras decenas de viviendas sufrieron graves daños o quedaron destruidas. También se registraron deslizamientos de tierra y cortes en diversas rutas del norte del país.

Entre las estructuras más afectadas estuvieron el Puerto de Antofagasta, cuyo molo de abrigo presentó importantes daños, además de emblemáticos edificios como El Curvo, Huanchaca y la Basílica Corazón de María, donde la histórica imagen de la Virgen quedó inclinada producto de la violencia del movimiento, convirtiéndose en uno de los símbolos más recordados de aquella jornada.

Los estudios posteriores del Centro Sismológico Nacional determinaron que el terremoto fue consecuencia del proceso de subducción entre las placas de Nazca y Sudamericana. La ruptura sísmica se extendió por más de 150 kilómetros hacia el sur y, además, provocó un desplazamiento horizontal cercano a 80 centímetros de la ciudad de Antofagasta hacia el oeste.

Hoy, 31 años después, el terremoto de 1995 sigue siendo uno de los eventos más recordados por los antofagastinos. Más allá de los daños materiales, dejó importantes enseñanzas en materia de construcción, prevención y preparación frente a emergencias, fortaleciendo la cultura sísmica de una región acostumbrada a convivir con la fuerza de la naturaleza. El recuerdo de aquella madrugada permanece vivo en quienes la vivieron y en las nuevas generaciones que conocen este episodio como uno de los hitos más importantes de la historia reciente del norte de Chile.






